Cuando llevas un tiempo estudiando tu oposición, como consecuencia del desgaste mental asociado, es muy posible que empieces a sentir dudas. La densidad del temario tampoco nos lo pone demasiado fácil, ya que pasan los meses y sigues sin ver un final próximo. Parece que estás perdiendo días de tu vida en algo que no sabes muy bien cuando va a acabar, por lo que quizás te preguntes: ¿tiene sentido todo lo que estoy haciendo?
Para ser sinceros, yo creo que prácticamente a todos los opositores se les ha pasado por la cabeza alguna vez esa pregunta. La diferencia está en la respuesta que le das.
Eso es precisamente lo que vamos a abordar en este post. Queremos recordarte por qué estás estudiando cada día, para que cuando lleguen esas voces, que te aseguro que van a llegar, estés más que preparado para silenciarlas.
¿Quieres descubrir como mantener tu motivación incluso en los momentos más bajos? ¡Bienvenido a Opocaos!

Por qué perdemos la motivación
Antes de centrarnos en cómo podemos recuperar la motivación, pienso que es necesario detenernos un momento en analizar qué nos ha llevado a perder la ilusión por lo que estamos haciendo.
En concreto, considero que hay dos razones que lo explican.
Aspectos intrínsecos al propio temario
El temario de unas oposiciones no es nada atractivo. Es una amalgama de jurisprudencias que prácticamente nadie entiende. Día tras días nos sentamos delante de unos papeles grises y aburridos, por lo que más pronto que tarde empezamos a preguntarnos qué hacemos estudiando eso. Llegados a un punto, mantener la concentración se vuelve misión imposible.
A partir de ahí, todo empieza a ir cuesta arriba. Cada semana parece que estamos en el mismo lugar. Nos pasamos horas y horas repasando todo lo que ya teníamos que haber aprendido, puesto que nuestro cerebro no consigue asimilar los conceptos. A los pocos meses, esa ilusión que teníamos al principio, empieza a dar paso a más y más frustración.
Por si esto no fuera poco, aun consiguiendo dejar de lado este aspecto, pronto reparamos en que cuando acabamos una ley, nos llega otra, y luego otra más, y otra más. Comenzamos a darnos cuenta de que esa meta que al principio veíamos relativamente cerca, ahora está más lejos que nunca.
Parece que no hay un final, por lo que la desesperación empieza a asomar. ¿Para qué tanto esfuerzo si ni siquiera sé cuando voy a terminar?
Factores personales y familiares
A menudo se tiende a subestimar lo difícil que es, desde un punto de vista mental, el estudio de una oposición. Creo que todos coincidiremos en que es bastante duro ver como día tras día la gente disfruta de su tiempo libre, mientras tú estás encerrado entre cuatro paredes.
Esto es complicado de gestionar, pues la mente empieza a deslizar en la cabeza pensamientos negativos que nos hacen preguntarnos si estamos desaprovechando los mejores años de nuestra vida.
Del mismo modo, el ámbito familiar también puede tener un efecto semejante, pues el tiempo que le dedicamos al estudio no lo estamos invirtiendo en nuestros hijos, en nuestra pareja, o en nuestros padres. Al final todo esto inevitablemente hace mella en nuestra motivación.
Cómo puede afectarnos la pérdida de motivación
Está en la naturaleza humana esforzarnos por conseguir aquello que deseamos y consideramos valioso. La motivación es un recurso vital que nos permite adaptarnos, ser productivos, y aprovechar oportunidades que tenemos al alcance de nuestra mano.
Cuando perdemos la motivación, en cierto modo dejamos de creer en aquello que hace pocos meses tanto nos ilusionaba. Empezamos a considerarlo como algo imposible de alcanzar, por lo que nuestras prioridades cambian. Esa rutina de encontrar un par de horas para avanzar en el estudio, pronto da paso a otra en la que simplemente te quieres relajar, o aprovechar el tiempo para estar con tus amigos y la familia.
No hay nada de malo en ello, pero quiero que entiendas una cosa. Cuando dejas de lado tu oposición, no estás abandonando el estudio de unas simples leyes. Lo que de verdad estás haciendo es renunciar a una estabilidad laboral y económica que te permitirá vivir con tranquilidad el resto de tu vida. Si no tienes claros tus siguientes pasos, puede que estés hipotecando todo tu futuro.
Cómo recuperar la motivación perdida
Al igual que ya comentamos en el post de cómo mantener la concentración durante el estudio, incluso en los momentos más bajos, también podemos conseguir mantener la motivación.
Replantea tu temario
Lo primero que debes hacer es abordar el principal foco de problemas de cualquier oposición, el temario. Tienes que abandonar esa sobriedad que caracteriza a la legislación, dándole un lavado de cara que la haga mucho más atractiva de cara al estudio. Para ello, siguiendo lo ya hablado en los problemas asociados al temario de las oposiciones, la mejor opción es que planifiques tus propios apuntes.
Sin embargo, muchos de nosotros no nos podemos permitir el lujo de pasarnos semanas y semanas pensando en cómo deberíamos diseñarlos, por ello creo sinceramente que merece la pena que le des una oportunidad a las Opoleyes. Con ellas ya hemos hecho por ti ese trabajo de estructuración y maquetado de apuntes, por lo que puedes centrarte en lo que de verdad importa, el estudio.
En lo que respecta a la densidad del temario, siendo sinceros no hay mucho que puedas hacer. Esa sensación de nunca ver el final va a estar siempre presente, pero la clave es que cuando aparezca no te afecte lo más mínimo. ¿Cómo se puede conseguir esto? Es difícil, pero personalmente hay una historia narrada en el espectacular libro de Charlie Mackesy, El niño, el topo, el zorro y el caballo, que me abrió los ojos en su día.
Un niño y su caballo se habían perdido en un bosque. Desesperado, el chico le confesó que no sabía como salir de allí. El caballo le miro y le dijo, «¿puedes ver dónde caerá tu siguiente paso?». El chico observó el suelo y le respondió, «sí, puedo verlo». El caballo contestó, «solo hace falta que des ese paso».
A menudo nos preocupamos demasiado de mirar al futuro, de pensar en cuan largo un camino es, y es normal que nos sintamos abrumados. En lugar de eso, hay que interiorizar que ese objetivo final ahora mismo no importa. Tenemos la certeza de que lo vamos a conseguir, porque todo lo que hacemos cada día nos acerca más y más a ello, pero debemos preocuparnos únicamente de cuál va a ser el siguiente paso.
No todo es estudiar
Uno de los mayores errores que yo misma cometí en los primeros meses de mi oposición, fue aislarme completamente. Tenía la sensación de que nunca hacía lo suficiente, por lo que mis días se resumían en trabajar y estudiar. Esa rutina acabó por afectar a mi estado anímico.
Yo tardé en darme cuenta, por eso quiero que tú no caigas en ese mismo error. Te voy a dar dos consejos que creo que te serán muy útiles:
Mantén tu vida social y familiar. No todo es estudiar, y quien te diga que para sacar adelante una oposición necesitas decir adiós a tus amigos, o miente o lo está haciendo terriblemente mal. Cada semana, si te organizas correctamente, puedes encontrar un hueco sin ningún problema. Es más, lo considero imprescindible para desconectar y evitar ese cansancio mental que tantos problemas te puede traer.
Ten cuidado con las redes sociales. Las redes sociales tienen aspectos muy positivos, pero también otros que son bastante negativos. De ellos, creo que el que mayor efecto puede tener en un opositor es el hecho de percibir que todo el mundo parece estar disfrutando de la vida menos tú. Sin embargo, hay una cosa que no se dice, y es que probablemente el 99% de los días esa gente hace exactamente lo mismo que cualquiera de nosotros. Por ello, no le des la más mínima importancia a lo que hacen los demás.
No renuncies a tu sueño
Aun tras haber abordado todos estos aspectos, sobre todo cuando ya llevas bastantes meses de estudio, es muy probable que algún día las dudas se hagan camino y tu mente te empiece a sugerir que tires la toalla. Llegados a este punto, solo hay que pararse y pensar en por qué estás luchando.
Es muy posible que sueñes con formar una familia, tener tu propia casa, o simplemente vivir con tranquilidad, y eso es lo que en un futuro vas a conseguir a través de tu oposición. ¿Crees que merece la pena renunciar a esa estabilidad laboral y económica cuando únicamente te queda un pequeño esfuerzo más? Yo pienso que no.