Creo que todo el mundo, sobre todo al enfrentarse a algún reto personal, ha escuchado alguna vez esa voz interior que insinúa que no lo vamos a conseguir. Como si de una caja de pandora se tratase, todas nuestras preocupaciones parecen agolparse simultáneamente en nuestra cabeza, por lo que más pronto que tarde, nuestro estado anímico acaba por resentirse.
Diversos estudios afirman que a lo largo de nuestro día se nos suelen pasar por la cabeza entre 40.000 y 80.000 pensamientos. Generalmente, los que tienen una connotación negativa suelen llevarse la mayor parte de nuestra atención, impidiéndonos centrar todos los esfuerzos en lo que es realmente importante para nosotros.
Es por esta razón por la que los opositores tenemos que aprender a gestionar los pensamientos negativos, ya que si no lo hacemos, empezaremos a entrar en una dinámica de frustración de la que será muy difícil escapar.
Eso es precisamente lo que intentaremos evitar en este post. ¡Espero que te sea de ayuda!

Por qué nos afectan tanto los pensamientos negativos
Si quisiéramos encontrar una explicación a por qué tenemos pensamientos negativos, lo cierto es que no la encontraríamos. Es algo intrínseco al ser humano que surge cuando menos te lo esperas, de forma espontánea, y sin ningún motivo.
Por lo tanto, todo se reduce a descubrir por qué a algunas personas les afectan más. Encontrar una respuesta contribuirá a que suavicemos el impacto que puedan tener en nosotros.
Problemas de salud mental
Aunque hoy en día estamos cada vez más concienciados acerca de la importancia de cuidar nuestra salud mental, parece que hasta cierto punto es todavía algo tabú. Sin embargo, es muy importante ser conscientes de que factores como la depresión puedes tener un impacto muy notable en nuestro día a día.
Si tenemos algún problema de este estilo, somos muy susceptibles a que cualquier pensamiento negativo que se deslice por nuestra cabeza, se quede con nosotros y nos domine completamente.
Rumiación
Este concepto es el que mejor explica por qué hay personas más susceptibles que otras a los pensamientos negativos. Y es que la rumiación se produce cuando pensamos de forma recurrente e ininterrumpida, en un problema o situación que nos afecta especialmente.
La mayoría de estudios señalan que la red neuronal por defecto (RND) es la principal culpable de este fenómeno. Esta región del cerebro se activa automáticamente cuando estamos en «piloto automático», es decir, cuando no estamos concentrados en algo (típicamente cuando nos vamos a descansar, o en momentos en los que disfrutamos de mayor aislamiento).
La rumiación puede manifestarse perfectamente en personas mentalmente sanas. Es totalmente involuntaria, y acaba convirtiéndose en una especie de círculo vicioso en el que la mente cae sin que la persona pueda hacer absolutamente nada por evitarlo.
Cómo podemos atenuar los efectos de los pensamientos negativos
El cortisol es una hormona muy importante para nuestro cuerpo. Nuestro cerebro ama el cortisol, ya que se libera en momentos de estrés, sirviéndole como advertencia ante cualquier peligro inminente. El problema ocurre cuando constantemente exponemos a nuestro cuerpo y mente a situaciones de alto estrés (eso es precisamente lo que provocan en nosotros los pensamientos negativos), pues el cortisol se sobrecarga. Lo que conseguimos con esto es que nuestro cerebro comience a pensar que no estamos en peligro inminente, por lo que ese nivel peligrosamente alto de cortisol se convierte en nuestra nueva normalidad. Con el tiempo, el cuerpo comenzará a mostrar signos de desgaste: depresión, ansiedad, cansancio, etc.
Si no controlamos los pensamientos negativos, además de perder la motivación, eventualmente tendremos que lidiar con algún que otro problema de salud. Por lo tanto, si estás en una situación límite, quizás sea recomendable que visites a un especialista. La salud mental es vital para nuestra calidad de vida. Cuando no puedas más, busca ayuda, no hay nada de lo que avergonzarse.
Dicho esto, si sus efectos son más llevaderos, puedes gestionar el asunto con tus propias manos. Lo mejor es empezar analizando el tipo de pensamiento negativo que más te está afectando:
Miedo al futuro. Los seres humanos solemos temer a lo desconocido. Cuando miramos más allá de nuestro presente, tendemos a pensar en blanco o negro, es decir, nos puede ir muy bien o estrepitosamente mal.
Ansiedad por el presente. Muchos solemos preocuparnos por lo que otros opinan de nosotros, por si estamos estudiando lo suficiente, o por si hemos tomado el camino correcto.
- Remordimientos por el pasado. Todo el mundo reflexiona en algún momento acerca de las oportunidades que hemos perdido. La gente que es más sensible ante los pensamientos negativos, tiende a afligirse más ante errores pasados.
Una vez identificada la principal fuente de todos tus problemas, el siguiente paso es empezar a gestionarlo, y para ello hay cuatro consejos que te serán muy útiles.
Desafía a tus pensamientos negativos
¿Alguna vez te has parado a pensar en qué hay de cierto en cada uno de esos pensamientos negativos? Seguramente te lleves más de una sorpresa. Y es que la mayoría de ellos no tienen ninguna base que los sustente, por lo que cuando exponemos sus puntos débiles, es muy frecuente que acaben desvaneciéndose.
Hay tres preguntas que puedes utilizar para confrontar cada una de esas preocupaciones:
¿Es real? ¿Hay alguna razón de peso para que tengamos este pensamiento negativo?
Muchos de nuestros temores son infundados, por lo que cuando los analizamos en profundidad descubrimos que no tiene sentido que sigamos preocupándonos por ellos.¿Ese pensamiento te hace motivarte más, o, por el contrario, te incita a tirar la toalla?
Hay veces que esos sentimientos sirven para motivarnos. Cuando nos tomamos muy en serio cualquier objetivo, esas voces que nos incitan a rendirnos hieren nuestro orgullo, por lo que decidimos seguir trabajando para demostrarnos que lo podemos conseguir.¿Puedes darle la vuelta a ese pensamiento negativo, y convertirlo en algo positivo?
En algunas ocasiones, esos pensamientos son como una especie de alerta que nos avisa de que hay algo que no estamos haciendo bien. Por ejemplo, si estás preocupado porque no le estás dedicando demasiado tiempo a tu oposición, es posible que haya algo de verdad. Lo mejor es que pienses detenidamente si es así. En caso afirmativo, tendrás que implementar cambios que te permitan alejar esas dudas de tu cabeza.
Dales menos margen a entrar en tu mente
Como hemos comentado anteriormente, cuando no conseguimos desprendernos de ciertos pensamientos negativos, lo más probable es que estemos afectados por la rumiación. Esta tiene su punto álgido cuando nuestra mente se encuentra menos activa. Si sentimos que los pensamientos negativos comienzan a hacerse fuertes, lo mejor es activar nuestra imaginación y desplegar en la mente otras imágenes. Por ejemplo, vernos practicando alguna de nuestras aficiones preferidas suele ser muy útil para desviar la atención.
Lo que buscamos es que durante varios minutos, la red neuronal por defecto se desactive, por lo que la rumiación ya no puede hacerse paso. Al principio seguramente te sea difícil, pero lo importante es ir entrenando poco a poco para que te cueste conseguirlo cada vez menos.
Rodéate de gente constructiva
Las personas de las que te rodeas tienen una influencia muy grande en tu vida. Si quieres gestionar mejor tus pensamientos negativos, asegúrate de que tienes a tu lado a gente con mentalidad positiva, dispuesta a escucharte y entender todos tus miedos y preocupaciones.
Ante la negatividad, orgullo
Nuestra mente tiene la asombrosa capacidad de convencernos de algo que no es realmente cierto. La próxima vez que creas que tienes la culpa de todo lo que va mal, párate un segundo, pues estás cometiendo el error de asumir y personalizar tus preocupaciones.
Piensa en todo aquello que has ido consiguiendo durante todos estos meses, escríbelo, y repítelo en voz alta con orgullo. Siempre solemos poner el foco en lo negativo, mientras que todo lo bueno que hemos conseguido, como en cierto modo se sobreentiende que era lo que teníamos que hacer, suele pasar desapercibido.
¿No crees que deberías sentir algo de orgullo por tomar la decisión de abandonar tu zona de confort y perseguir tu sueño? Mucha gente nunca se atreve a dar el paso y acaban arrepintiéndose el resto de su vida. Tú, en cambio, luchas cada día por ello.