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Los opositores que llevamos un tiempo en esto sabemos que a menudo no todo es blanco o negro. Por un lado, tenemos la gloria de conseguir esa plaza por la que tanto hemos luchado, pero por el otro, además de la decepción por haber hecho un mal examen, también podemos encontrar algo mucho más frustrante: ver las listas, y descubrir que no hemos llegado al corte.

Si ya de por sí prepararnos de cara al examen supone un increíble esfuerzo mental, no conseguir plaza puede ser la gota que colme el vaso. Por ello, para que no caigas en la trampa de creer que está todo perdido, creo que es necesario que leas este post. En él intentaré convencerte de que, después de todo el esfuerzo que has realizado, no tiene sentido que tires la toalla.

Imagen de una clase con la que queremos introducir nuestro post acerca de cómo gestionar el no llegar a la nota de corte.

Tipos de sistemas selectivos

No todos los sistemas selectivos son iguales. Según recoge el Real Decreto Legislativo 5/2015, de 30 de octubre, de la Ley del Estatuto Básico del Empleado Público, hay tres posibilidades:

  • Oposición.

  • Concurso – oposición.

  • En algunos casos, concurso de valoración de méritos.

Esto debes tenerlo en cuenta, pues los criterios de acceso a la plaza variarán dependiendo del sistema vigente en tu oposición.

Vamos a ver en qué consiste cada uno de ellos.

Oposición

La oposición es un sistema de acceso utilizado principalmente por la Administración General del Estado. En este sistema, para entendernos, lo que cuenta es lo que hayas estudiado, ni más ni menos. La nota de corte la fijará la Comisión Permanente de Selección, en función de las mejores notas, hasta alcanzar un número determinado.

Este sistema de acceso es el más deseado por aquellos opositores que no han ocupado nunca un puesto de funcionario, pues al depender solamente de su nota, no tienen que preocuparse de no tener tiempo trabajado.

Concurso – Oposición

Este tipo de sistema selectivo es el más frecuente en las Administraciones autonómicas y locales. En él hay que tener en cuenta el número de plazas ofertadas en la convocatoria.

Como su propio nombre indica, consta de dos fases:

Fase 1: Oposición

Esta fase es análoga a la que ya he comentado anteriormente. Deberás superar uno o varios exámenes, dependiendo de la categoría. Por ejemplo, quizás tengas que hacer frente en primer lugar a un examen tipo test, y luego, si lo sacas adelante, a una serie de pruebas prácticas (informática, etc.). Incluso, si has superado estas dos, es posible que debas aprobar todavía una tercera prueba escrita, sobre uno o varios temas que el Tribunal escoja mediante sorteo.

Como digo, todo depende de la categoría profesional a la que te presentes. Evidentemente, cuanto más alto sea el nivel, mayor número de pruebas deberás superar.

La nota de corte suele aparecer en las instrucciones del examen, por lo que no vas a tener un objetivo claro hasta que no estés sentado en tu silla.

Fase 2: Concurso

Si has superado todas las pruebas de la fase de oposición, entrarás en la etapa de concurso. En ella, podemos plantearnos dos escenarios:

  • Si has llegado a este punto, y nunca has trabajado como funcionario, o bien lo has hecho en otra categoría no computable a efectos de méritos, tengo que advertirte de que es francamente complicado que puedas sacar plaza. Aun así, se puede dar el caso de que hayas obtenido una puntuación extraordinaria en la fase de oposición, y superes esa falta de tiempo trabajado.

  • Si ya has trabajado en el sector público, y además, lo has hecho en la categoría a la que te estás presentando, tu trabajo es computable a efectos de méritos.

Finalmente, se procederá a la suma de la fase de oposición y de la fase de concurso, para obtener la puntuación total del proceso. Es en ese momento cuando se determinan las personas que van a obtener plaza.

Concurso de valoración de méritos

El último sistema de selección es el más excepcional. Es solo para personas que puedan aportar requisitos de experiencia profesional y de formación, en su caso.

Por ejemplo, para cumplir con la directiva europea de reducir la tasa de interinidad en el sector público, el concurso de valoración de méritos será uno de los utilizados en aquellas plazas que lleven ocupadas con anterioridad al año 2016.

Qué pasa si no he llegado al corte

Seguramente en este punto ya sepas el tipo de sistema de selección al que te vas a enfrentar, y como es lógico, también creo que eres consciente de que sacar la plaza no es fácil. Como nos ha pasado a muchos de nosotros, lo más probable es que no lo puedas conseguir a la primera.

Si ya te has presentado al examen y estás en esta situación, lo primero que debes hacer es analizar en cuál de estos dos escenarios te encuentras.

He obtenido un mal resultado

Que te salga mal el examen de una oposición es una realidad que cuanto antes asimiles mejor. Muy probablemente no has sido capaz de rentabilizar el estudio que has realizado. El examen lo único que ha hecho es poner en evidencia todos y cada uno de tus puntos débiles.

Y quiero dejar claro que no hay nada de malo en ello. No eres la primera persona, ni la última a la que le va a pasar, por lo que no tiene ningún sentido que te martirices en exceso.

Una vez comentado esto, ahora solo queda mirar hacia adelante, y para ello hay tres consejos que te serán especialmente útiles.

Aprende de los errores

El ser humano tiende a suponer que cuando algo le ha ido mal no es por su culpa, achacando rápidamente sus equivocaciones a factores ajenos a su control. En las oposiciones esta mentalidad suele ser muy frecuente, por lo que te aconsejo que, en lugar de adoptar una postura victimista, te pares a pensar en las causas de ese mal examen. Es posible que objetivamente, a pesar de lo que puedas creer, no estuvieses preparado.

Cuando entendemos la causas por las que algo ha ocurrido, es mucho más fácil ponerles solución. Recopilar por escrito todos y cada uno de esos fallos que te pueden haberte impedido dar un buen nivel en el examen, es una excelente idea para replantear tu estudio.

Desconecta un par de semanas

A pesar de que quieras pasar página cuanto antes, no tiene ningún sentido retomar inmediatamente tu estudio después de tantos meses de esfuerzo. Seguramente tu cerebro te esté pidiendo a gritos que te tomes unos días libres, por lo que te aconsejo que durante un par de semanas, dejes de lado el estudio de tu oposición.

Esta oxigenación es a menudo imprescindible para disipar todas las dudas que puedan estar apareciendo en tu mente. Práctica un poco de deporte, aprovecha la compañía de tu familia y amigos, y en definitiva, disfruta de un poco de tiempo para ti.

Vuelve con la lección ya aprendida

Después de ese merecido descanso, toca ponerse manos a la obra. Y para ello, además de cumplir a rajatabla la rutina de estudio que tenías justo antes del examen (nada de empezar de una forma más relajada), recuerda modificar esos aspectos que pueden haber provocado tu mal examen.

He hecho un buen examen, pero no tengo la plaza

Factores como la nota o el número de plazas disponibles, también puede marcar nuestro futuro. Y es que puede que objetivamente hayas hecho un buen examen, pero lamentablemente no consigas, por razones de diversa índole, la puntuación que te permita acceder directamente al puesto al que opositas.

Hacer frente a esta situación, siendo sinceros, es muy complicado, ya que parece que estás en una especie de limbo. Estás contento con tu rendimiento, pero no tienes la plaza.

Si en tu oposición hay una bolsa, lo único que te queda es tener paciencia. Si puedes hacer méritos para ir subiendo posiciones, hazlos. Lo importante es que tengas claro que un día te van a llamar para cubrir una baja, etc. Deja que todo vaya avanzando poco a poco.

Si, por el contrario, no llegar a la nota de corte implica quedarte fuera, yo te recomendaría que siguieses los mismos consejos que he comentado para el caso en el que hipotéticamente hubieses hecho un mal examen. Sé que es difícil, pero tienes que seguir adelante.